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sábado, 3 de enero de 2015

¿Qué hacer ante problemas en el aprender? Un asunto de ‘calidad educativa’.


¿Qué hacer ante problemas en el aprender? Un asunto de ‘calidad educativa’.

PREGUNTAS y MÁS PREGUNTAS… ¿Te apuntas a construir juntas/os también respuestas?

Herman Van de Velde
Enero 2015

Estos días, uno de los libros que leí fue uno titulado ‘Qué será de nosotros, los malos alumnos’, del autor español Álvaro Marchesi (2004). Lo compré en Barcelona hace tres años, pero fue hasta estas vacaciones que me re-encontré con el libro y me hizo reflexionar:
¿Hay realmente buenas/os y malas/os estudiantes?
¿Cómo definir un/a buen/a estudiante?
Así como se hace referencia a buenas/os y malas/os estudiantes, entonces, ¿también habemos buenas/os y malas/os docentes?
¿Y buenas o malas escuelas, universidades,…?
¿Y qué aporto yo a la calidad en el aprender, el mío propio y el aprender en las y los demás?

En el mismo libro, el autor nos aclara muchas cosas, incluyendo lo del título.

Este artículo retoma varios de sus planteamientos, además de reflejar mi propio pensar y sentir frente a problemas en el aprender. Este pensar y sentir personal lo expreso a través de muchas preguntas… invitando a que, en cada escenario educativo construyamos juntas/os, cooperando genuinamente, las respuestas que necesita cada situación particular.

PREGUNTAS y más PREGUNTAS…
¿Qué tipo de problemas de aprendizaje encontramos en nuestro escenario educativo?
Para cada tipo de dificultad en el aprender, ¿quiénes son las personas relacionadas directamente e indirectamente con esta dificultad? ¿Se lo hemos preguntado directamente a la o a el estudiante?
¿A quiénes hemos escuchado de verdad para poder interpretar y comprender de fondo el problema? ¿Entre quiénes hemos compartido, tanto en este proceso de comprensión, como también en definir compromisos para su superación? ¿Quiénes estamos entonces comprometidas/os, estamos integradas/os (¿y cómo nos integramos?) en la superación de este problema, y de otros?
¿Cómo se siente la o el estudiante relacionada/o con un problema en el aprender? ¿Lo asume como su problema personal, como problema del grupo, como problema del contexto, de la o del docente, de su historia, de las casualidades de vida, de su familia,…?
¿Cuál es la actitud de la o del docente frente a un problema en el aprender en su aula? ¿Lo asume como su problema personal, como problema del grupo, como problema del contexto, de la o del estudiante como persona en particular, de su historia, de las casualidades de vida, de su contexto familiar,…?
¿Cómo se caracteriza este problema de aprendizaje? ¿Es único para esta/e estudiante? ¿Es particular para el grupo? ¿Es un problema que aparece en la mayoría de los grupos de estudiantes? ¿Es de tipo nuevo o un problema que se presenta todos los años? En mi tiempo como estudiante, ¿ya existía este tipo de problema? Si es así, ¿cómo se superaba? ¿Era adecuada la medida en aquel contexto? Ahora en otro contexto, ¿cuáles podrían ser medidas de superación?
¿Qué desencuentros ha provocado este problema, especialmente entre estudiantes entre sí, entre estudiantes y docentes y también entre estudiantes y/o docentes y la institución? ¿Cuáles han sido las consecuencias de estos des-encuentros? ¿Podría haber sido diferente? ¿Bajo qué condiciones? ¿Por qué?
¿Qué tiene que ver el escenario educativo propio en el cual está inmersa/o la o el estudiante? (la Escuela, la Universidad, la Institución, el Departamento, la Dirección, el ambiente educativo,…)
Y qué tal el currículum, tanto su versión oficial como el oculto (tiene que ver con la pregunta anterior, por supuesto), ¿se adecúa a las necesidades actuales, las necesidades de carácter ‘PerSocial’?
Y de último, no una pregunta sino una confirmación: sea cuál sea el problema de aprendizaje, sea de quién sea (directa o indirectamente), ESTE PROBLEMA ES NUESTRO y SU SUPERACIÓN DEBE SER RESPONSABILIDAD COMPARTIDA.  Tal que vale una nueva pregunta: ¿Yo, qué he hecho para su superación, no yo solita/o, sino en cooperación con otras personas relacionadas con este problema?

EDUCACIÓN INCLUYENTE, ¡una condición sine qua non para Calidad Educativa!
Por falta de capacidad nuestra en encontrar e implementar las respuestas ‘adecuadas’ ante los problemas del aprendizaje, nuestra educación se vuelve excluyente: quedan fuera quienes no logran superar los problemas de aprendizaje.
¿Es totalmente cierto lo anterior? ¿Y si no conviene al sistema, ni a la institución que tantas/os estudiantes quedan fuera? Entonces podemos bajar nuestras exigencias educativas, ¿no? ¿Y entonces dónde queda la calidad?
¿Cuántas veces ocurre que ‘aprobamos’ a un/a estudiante considerando su problema, sus problemas… SIN contribuir ni un tantito a la debida superación del problema real de aprendizaje?
¿Yo tengo la culpa (como docente)? ¿No es que tengo que cumplir con el programa de estudio y no me da tiempo para ocuparme de problemas ajenos a mi programa de estudio? Además, son muchas/os estudiantes en un solo grupo, así que, ¿cómo lo hago para atender problemas personales? ¿No es que ya tengo suficientes problemas yo misma/o?
Una expresión directa de una educación excluyente es la deserción: estudiantes que se retiran de sus estudios, de su colegio, de su carrera. Cuando un funcionario de educación me preguntó sobre cómo evitar la deserción, le respondí con otra pregunta: ¿Cómo garantizar que a cada estudiante y docente su colegio, sus clases, su carrera, su universidad, su estudio,… le guste, tal que se sienta muy bien estudiando, aprendiendo mucho desde y en la vida, compartiendo, cooperando, aportando sustancialmente al aprender colectivo,,…?

Espero que las siguientes reflexiones aporten en la construcción de una respuesta a esta pregunta… ¿Me sigues?

Me tomo la libertad, compartir con ustedes 9 dilemas de una Educación Incluyente:
Dilema (1): ¿Educación excluyente de hecho, Educación incluyente por principio? ¿Qué significa de verdad una educación incluyente? ¿Qué compromiso adquirimos, construimos como grupo, tal que NADIE quede fuera, en ninguna de las asignaturas? ¿Qué hacemos para lograrlo?
Dilema (2): ¿Qué merece la prioridad: la exigencia social o la necesidad ‘persocial’.
Álvaro Marchesi (2008, p. 23) lo plantea así: “Si entendemos los ritmos de cada alumno y les evaluamos en función de ellos, tal vez no aseguremos el control que la sociedad exige sobre el nivel admitido para certificar el conocimiento de los alumnos. Si, por el contrario, aplicamos una norma común para la acreditación de los conocimientos de los alumnos, posiblemente no hacemos justicia a las diferencias entre ellos.”
Dilema (3): La evaluación, ¿es un instrumento de juicio final o más bien se convierte en parte esencial del proceso de aprendizaje? Si gracias a una evaluación aprendí de mi error (tal que me aplacé), este aprendizaje aún se toma en cuenta (tal que pueda aprobar)?
Dilema (4): Como docente, ¿pretendo controlar todo yo sola/o o más bien me abro a los aportes de estudiantes para que sean verdaderas/os co-autoras/es del proceso, independientemente que implica que también el control será compartido?
Dilema (5): Más allá de ser protagonistas y actoras/es claves mis estudiantes, ¿también son autoras/es de sus propios escenarios de aprendizaje? ¿Me queda clara la diferencia esencial entre ambas situaciones?
Dilema (6): La (r)evolución tecnológica que vivimos, ¿la aprovechamos para la inclusión o provoca aún más exclusión, considerando las grandes diferencias que tienen estudiantes y docentes entre sí en cuanto a, tanto el acceso, como el manejo de estas nuevas tecnologías de información y comunicación?
Dilema (7): Mis aportes como docentes, ¿se convierten en conferencias o construimos espacios de conversación, de diálogo y de encuentro? En estos espacios, ¿cuántas/os estudiantes participan? ¿Todas/os o siempre las/os mismas/os?
Dilema (8): ¿Imponemos nuestras normas y reglas o ejercemos la exigencia flexible y la flexibilidad exigente, acompañadas de una ‘exigencia productiva’?
Dilema (9): ¿Quién tiene la última palabra en los encuentros y des-encuentros? ¿Siempre soy yo o acepto – ‘con buenas ganas’ – que también pueda ser la otra o el otro?

IDEAS… para ir construyendo respuestas como parte esencial de cada escenario educativo particular.
¿Qué tal si convertimos el ambiente de competir en un ambiente educativo de cooperación genuina? ¿No creen que todas/os nos sentiríamos mejor si no hay, NUNCA, en NINGUNA CIRCUNSTANCIA perdedoras/es?
¿Qué tal si nos escuchamos de verdad, si aprendemos a escucharnos con intencionalidad y calidad?
¿Qué tal si nos ponemos en los zapatos de la otra persona relacionada, antes de juzgarla? Y aún mejor: NO JUZGUEMOS sino COMPRENDAMOS.
‘Com-prender’ es prender – encender, pero juntas/os (‘con’). Es decir: para poder comprender, hay que iluminar entre varias personas, esto es el significado de ‘comprender’.
¿Qué tal si empezamos a asumir la importancia de compartir y aprender juntas/os en vez de siempre querer enseñar, orientar,…? Esto implica trabajar con los aportes de estudiantes, ya que ellas/os son personas que ya saben bastante y además también pueden investigar. ¿Y si les acompañamos en este proceso de aprendizaje, tal que aprendamos juntas/os?
¿Qué tal si al final del semestre, por iniciativa propia, elaboramos un Informe de Proceso, en el cual visualizamos claramente lo que aprendimos, como docente, de nuestro trabajo con estudiantes? ¿Qué tal? ¿Te apuntas?
¿Qué tal si en vez de querer dominar el grupo o manejar el grupo, más bien empezamos a trabajar COMO grupo, aportando mi granito de maíz para que el grupo también se convierta en un verdadero equipo de trabajo?
¿Qué tal si ubico la evaluación como parte del proceso de aprendizaje y no como algo que valora solo un producto (juicio final), un producto que ya no puede variar (supuestamente)? ¿Implica esto sustituir las modalidades tradicionales (pruebas, exámenes,…) por modalidades alternativas de evaluación?
¿Qué tal si construimos espacios de conversación, diálogo y encuentro productivo para compartir e intercambiar entre docentes, orientándonos a impulsar innovaciones pedagógicas necesarias, apoyándonos entre todas/os y cooperando genuinamente como equipo también? ¿Qué hace falta para lograrlo?
…

PREGUNTAS (algunas repetidas) (NO) FINALES
¿Qué voy a hacer para garantizar este año más calidad en nuestro quehacer educativo? ¿Cuál es mi plan de trabajo particular en este sentido?
¿Cuál es la relación entre los problemas que enfrentamos en los grupos, en cuanto al aprender, y los problemas sociales que vivimos diariamente?
Docentes y estudiantes, ¿realmente, además de ser protagonistas y actoras/es clave, también somos autoras/es de nuestros propios escenarios educativos? ¿Qué hace falta para que avancemos en este sentido?
Como docente, ¿cómo concretar mi papel en cuanto al aporte que puedo y debo garantizar en la construcción colectiva de calidad en el aprender? ¿Cuál es mi responsabilidad social – frente a la sociedad? ¿Cuál es mi responsabilidad frente a cada estudiante en su carácter esencialmente ‘persocial’?
Como institución, ¿se facilita realmente el trabajo en equipo y se nos garantizan las condiciones mínimas (¿cuáles son?) para que trabajemos nuestros propios textos, en cooperación con colegas y estudiantes?
Como estudiantes, ¿asumo debidamente mi responsabilidad frente a mi propio aprendizaje con la debida calidad? ¿Qué hago más allá de lo que orienta cada docente? ¿Cuál es mi propio aporte como co-autor/a de nuestro escenario educativo?

… Más y más preguntas
… Más y más invitación a que cooperemos construyendo respuestas
… Más y más URGENTE se hace que trabajemos la CALIDAD EDUCATIVA en nuestro propio contexto educativo
¿Te apuntas? ¿Cómo?
Herman Van de Velde
Enero, 2015

martes, 16 de diciembre de 2014

Como equipo de ABACOenRed, compartimos nuestros mejores deseos para todas las personas que nos acompañan en este compromiso de lucha diaria, construyendo colectivamente escenarios educativos basados en cooperación genuina... Muchas felicidades para este nuevo año 2015 donde nos seguiremos encontrando...

jueves, 16 de octubre de 2014

Mi práctica profesional como educadora, aspectos que la han dificultado

Maribel Ochoa Espinosa
Facilitadora ABACOenRed
2011

Acompañar niñas y niños, adolescentes y jóvenes pareciera ser un trabajo fácil sin embargo, si pensamos en lo que implica resulta ser una gran responsabilidad que asumimos muchas veces con enorme voluntad pero con pocos recursos didácticos que nos facilite esos procesos de acompañamiento. Hay que sumarle a esta carencia de recursos didácticos o metodológicos, tu historia de vida, tus propias experiencias de vida que influyen en tu actuar y en tu forma de relacionarte con las persona, y que tienen un efecto concreto en el aprendizaje de quienes acompañas.

El objetivo de este texto es reflexionar en voz alta acerca de mi práctica profesional como educadora acompañando niñas y niños, adolescentes y jóvenes desde diferentes organizaciones de desarrollo comunitario, identificando en ella, aquellos factores que han limitado mi trabajo, especialmente aquellos aspectos que se relacionan con mi historia de vida, con mi propia experiencia de vida, ese sello que ponemos desde nuestra particularidad, desde nuestro interior, al trabajo de acompañamiento.  

También son factores que se han reflejado en mi relación con mi familia grande, y de igual manera afectando también.  Estas actitudes se presentan unas más fuertes que otras pero aunque sean de una manera ´suave´ no dejan de afectar negativamente un ambiente educativo.

1- El efecto que produce en los demás ciertas actitudes mías, que han dificultado mi práctica profesional de acompañamiento a jóvenes y niñez y que han sido los principales factores de relaciones superficiales, coyunturales… pobres… poco duraderas, fugaces.

 ü  Voces, mandatos y gestos, que se manifiesta en: imposición de lo que vamos a hacer como grupo, poco consenso de normas que regulen el interactuar entre el grupo, lo que deriva en imponer reglas que se cumplen al inicio muchas veces por miedo pero que poco a poco se van olvidando y entonces, se recurre a gritos, amenazas, chantaje, maltrato, insultos.

 ü  Querer tener control de todo lo que ocurre, desconfianza en las capacidades de las y los demás, sentimiento de que sos la responsable de todo lo que ocurra, en el malentendido que tienes que asegurar de que todo tiene que salir bien.

 ü  La forma en que digo las cosas muchas veces suena como agresiva y algunas personas se molestan.

 ü  No puedo ocultar mis sentimientos, aunque más se refleja cuándo estoy molesta por algo, no lo escondo, a veces por circunstancias no puedo decirlo aunque sea lo que más me gustaría pero no se puede hacer siempre, no se puede porque puedes herir o hacer más grande el conflicto…

 ü  Mis modales un poco toscos, nada delicado para tratar a personas extrañas, me cuesta acercarme a personas desconocidas.

 ü  Actitud autoritaria, que todo lo que dices, es lo correcto, si alguien no está de acuerdo, te molestas, lo consideras falta de respeto y lo castigas mediante diversos recursos: justificaciones, aislamiento, indiferencia, no le das la palabra, no lo miras cuando hablas, buscas otros aliados, lo ridiculizas, lo aniquilas como persona y lo obligas a pedir disculpas por algo que no hizo.

2-  Poca escucha sobre todo del sentir de las demás personas del grupo que acompañas, la prioridad se centra en la generación de más conocimientos obviando los sentimientos y problemáticas de las personas a quiénes acompañamos, nos preocupamos más por el cumplimiento del objetivo que me propuse, ojo, no digo del objetivo del grupo porque ese no fue construido ni discutido, trabajamos a partir del objetivo de la o el educador/a.

3- La lucha entre el cumplimiento de un programa de trabajo y el proceso o ritmo de aprendizaje que lleva el grupo, el cumplimiento de planes externos y no disponer de un plan propio, consensuado con el grupo, terminamos imponiendo procesos que no responden a las necesidades e intereses del grupo.

4- Tu vocación, la contradicción entre lo que me gusta y lo que es posible es muy frecuente, eso pasa y se obvia aparentemente, porque en los resultados salta a la vista en cualquier momento y se manifiesta de distintas maneras: rutina en las formas de facilitar y mecanización en la aplicación de técnicas para el aprendizaje, distancia entre tu proyecto de vida y el trabajo que desempeñas, conviviendo con esa contradicción sobre lo que quieres hacer y lo que tienes que hacer como proyecto de vida.  También esa experiencia la vivencia el grupo con quién trabajas, la perciben y les influye en sus motivaciones y expectativas.

Muchas de estas manifestaciones no se tiene conciencia de ellas, no las percibimos precisamente porque ellas mismas nos ciegan, nos envuelven y nos convierten en personas frías, autoritarias, pesimistas, impositivas, controladoras, juzgadoras, es decir, nos queremos convertir en la ´conciencia´ de las demás personas.

Desde mi experiencia ha sido importante en todo este proceso:

   1-    Asumir que vengo de una escuela (sistema), llámese familia, centro de estudios, ambiente laboral, etc, en donde hemos sido formadas precisamente para abusar el poder que tenemos, para competir con las demás personas y para sobresalir a pesar de las y los demás.

     2-   A nivel de la familia se nos educa para ejercer poder desde nuestro rol, así, la mujer/hija que está sometida al hombre (papá), ejerce su poder en sus hijas/os pequeños cuando se convierte en mamá, y además se encarga de la reproducción de estos roles, aun cuando ella está sometida por su marido.  Cuando éstos crecen principalmente hijos/ hombres, los roles cambian y vuelve a estar sometida ahora hijos también, y así sucesivamente.  Este poder casi siempre será un poder sobre, decidiendo todo lo que se relaciona con las personas que están bajo su dominio.

Toda esta formación influye directamente en tu manera de actuar, de sentir, de pensar, de SER.  Todo esa formación te configura para reproducir esa inequidad y con todos esos insumos y un buen caldo, acompañas procesos educativos con niñez, jóvenes, mujeres, pero eso sí, con la intención de transformar esa realidad y eso es muy importante, acompañado por supuesto de todo un proceso de autorreflexión crítica y constructiva para hacer los cambios desde tu propia persona, en conjuntos con otras y otros, con niñas, niños, jóvenes, mujeres,…

Desde esta perspectiva he ido buscando, desmontando paradigmas, leyes, voces, mandatos, gestos, que por mucho tiempo han guiado mi actuar y buscando alternativas de aprender nuevas formas de interactuar, nuevas formas de entender y ejercer mi poder, nuevas formas de vivir, de SER, conmigo misma y con las demás personas.

Todo este proceso va generando conciencia de tu actuar, de tu forma de acompañar a otras personas y te obliga a buscar herramientas nuevas para comunicarte, para participar, para tomar parte, para decidir.   En la búsqueda de nuevos aprendizajes, de nuevas rutas resulta difícil desmontar esas voces internas y en un cerrar de ojos puedes volver a repetir esos patrones impositivos y entonces, hay que empezar de nuevo, así es, es parte del proceso y tengo ganas de seguir intentándolo.

Y para concluir y no dejar sólo mi parte vulnerada, a continuación un poema que también me identifica:


A mi ser esencial

Átomo, partícula, alarido,
un grito inmenso entre el silencio,
vivo

Cosmos, universo, infinito azul
del mar intenso,
lucho

Espiga, semilla, vástago
oruga, larva,
existo

Mi ser esencial me habita
me empuja, me anima
me invita, me acompaña
estoy, sigo estando
soy, sigo siendo

VIVO, LUCHO, EXISTO, SOY


Maribel Ochoa Espinosa

Agosto 2011

martes, 2 de septiembre de 2014

La objetividad subjetiva, una reflexión crítica de cara al debate…

La objetividad subjetiva, una reflexión crítica de cara al debate…

Herman Van de Velde
Julio 2011


No soy el primero en plantear su punto de vista al respecto. Sólo como ejemplo: Echavarría (1996) plantea que cada vez que sostenemos algo, esto descansa en supuestos acerca de lo que es posible. Los supuestos son parte de nuestra vida: ‘Voy a visitar a una amiga porque supongo que está en casa. Y si la llamé antes, siempre supongo que me va a esperar y que no ocurrirá algo especial que le obliga salir y….’

La realidad existe, la verdad no la tiene nadie, además ‘la verdad’ implica una conjetura sobre la realidad (hechos, fenómenos, objetos,…). La realidad no significa una conjetura, allí está, y como ser humano nos interesa mucho acercarnos a ella, conocerla para transformarla. Y justo esto es lo posible, lo alcanzable: ‘acercarnos a ella’, NUNCA reflejarla en su totalidad, ya que es, por un lado, ajena a nuestro ser (realidad externa), por otro lado somos ella (realidad interna), y aún más: somos parte activa de ella (realidad vivida, externa-interna, en su totalidad): la silla en sí no implica una realidad, sino constituye una realidad ‘significativa’, una realidad para mí, para ella, para él, para vos, para nosotras/os.

De tal manera que no es ‘absurdo’ hablar, no sólo de ‘la realidad’, a la que cada vez más nos pretendemos acercar, sino además de una realidad ‘para alguien’…, es decir se trata de mi realidad, de tu realidad, de su realidad, de vuestra y nuestra realidad. Al referirme a ‘nuestra’ realidad, entonces nos referimos a aquellas concepciones, percepciones, visiones y frustraciones que compartimos, siempre respecto a ‘la realidad’. Justamente aquí se ubica la esencia ideológica del aprender, del proceso de construcción de aprendizajes, es decir de ‘VISIONES’: defenderemos ‘nuestra realidad’ como clase social. Mi visión de futuro, mi proyecto de futuro, necesariamente, tendrá un carácter clasista. No hay otra opción. ‘Conocer para transformar’, ¿pero transformar para qué? En la respuesta está el carácter clasista de mi SER y quehacer.

Lo importante es estar consciente que ‘yo’, como persona, como SER, formo parte de mi realidad (conciencia de clase), de tal manera que también mis concepciones, percepciones, visiones, frustraciones, sentimientos, emociones, voluntades, preferencias,… forman parte de ‘mi realidad’. Igual, tu realidad también implica tus concepciones, tus percepciones, tus visiones, tus frustraciones, tus sentimientos, tus emociones, tus voluntades, tus preferencias,… las cuales pueden o no coinicidir con las mías, pero por eso no son más o no son menos realidad. No hay realidades objetivas sin subjetividades y justo por eso: ‘la realidad más objetiva es la subjetiva.’

Podemos concluir esta introducción, indicando que la realidad implica DIVERSIDAD, que la diversidad es parte de la vida real, es parte de nuestra vida y justo en esta diversidad está su riqueza.  Cifuentes Gil (2011), en su obra sobre ‘Diseño de proyectos de Investigación Cualitativa’ expresa: “Las concepciones sobre la realidad, el conocimiento, la intencionalidad de conocer, las formas de conocer, son esenciales al asumir la investigación, pues inciden en la construcción y en la selección de los procesos metodológicos y, en consecuencia, en la elaboración de proyectos de investigación.” Y como estas concepciones pueden variar, también las metodologías pueden variar: No existe una sola metodología de investigación científica, sino existen múltiples caminos, muchos de ellos aún desconocidos por mi persona, para acercarse a la realidad, desde mi realidad propia, desde mi objetividad subjetiva. ‘Objetividad’ por mi intención ‘científica’, por mi metodología sistemática y sistémica y mi visión holística. ‘Objetividad subjetiva’ por SER persona involucrada, integrada, por SER un ser social, humano, ‘senti-pensante’ y constructora, transformadora del medio ambiente, que no sólo me rodea, sino del cual soy parte sustantiva.

Comparto un extracto de uno de los cuentos del Comandante Marcos, muy relacionado con esta temática:


La historia de los otros. (Fragmento)
Contaron los más viejos de los viejos que poblaron estas tierras que los más grandes dioses, los que nacieron el mundo, no se pensaban parejos todos.
O sea  que no tenía el mismo pensamiento, sino que cada quien tenía su propio  pensamiento y entre ellos se respetaban y escuchaban.
Dicen los más viejos de los viejos que de por si así era, porque si no hubiera sido así, el mundo nunca se hubiera nacido porque en la pura peleadera se hubieran pasado el tiempo los dioses primeros, porque distinto era su pensamiento que sentían. Dicen los más viejos de los viejos que por eso el mundo salió con muchos colores  y formas, tantos como pensamientos había en los más grandes dioses, los más primeros. Siete eran los dioses más grandes, y siete los pensamientos que cada uno tenía, y siete veces siete son las formas y colores con los que vistieron al mundo.
Le preguntaron a los viejos más viejos cómo hicieron los dioses primeros para ponerse de acuerdo y hablarse si es que eran tan distintos sus pensamientos que sentían. Los viejos más viejos respondieron que hubo una asamblea de los siete dioses junto con sus siete pensamientos distintos de cada uno, y que en esa asamblea sacaron el acuerdo. Y dijeron que en esa asamblea cada uno de los dioses primeros dijo su palabra y todos dijeron: "Mis pensamientos que siento es diferente al de los otros" Y entonces quedaron callados los dioses porque se dieron cuenta que, cuando cada uno decía "los otros", estaba hablando de "otros" diferentes.
Después de que un rato se estuvieron callados, los dioses primeros se dieron cuenta que ya tenían un primer acuerdo y era que había "otros" y que esos "otros" eran diferentes del uno que era. Así que el primer acuerdo que tuvieron los dioses más primeros fue reconocer la diferencia y aceptar la existencia del otro.
Y qué remedio les quedaba si de por sí eran dioses todos, primeros todos, y se tenían que aceptar porque no había uno que fuera más o menos que los otros, sino que eran diferentes y así tenía que caminar.
Después de ese primer acuerdo siguió la discusión, porque una cosa es reconocer que hay otros diferentes y otra muy distinta es respetarlos.
Después se callaron todos y cada uno habló de su diferencia y cada otro de los dioses que escuchaba se dio cuenta que, escuchando y conociendo las diferencias del otro, más y mejor se conocía a sí mismo en lo que tenía de diferente.
Después los dioses sacaron el acuerdo de que es bueno que haya otros que sean diferentes y que hay que escucharlos para sabernos a nosotros mismos…"

Libro: "Los otros cuentos" – (Relatos del Subcomandante Marcos)





Para abordar este tema, en esta ocasión, ‘tocaré’ sólo 3 aspectos brevemente (no pretendo un análisis exhaustivo, sino más bien una reseña para el debate constructivo): la intencionalidad científica, la metodología sistemática y la visión holística, componentes clave para contribuir a lograr la debida ‘objetividad subjetiva’.

  1. La intencionalidad científica
La realidad existe, sin embargo no es posible captarla totalmente, ya que siempre vale ‘lo mío’, como persona, que la convertirá en ‘mi realidad’. Como consecuencia de este planteamiento debemos hablar de ‘la realidad social’, la realidad relacionada directamente con las personas.

Como ejemplo podemos volver a enunciar la inquietud ‘esencial’: Un árbol se cae en el bosque, ¿el ruido que hace (si lo hace) existe, independientemente de la presencia de una persona?

Otra interrogante ‘esencial’: La realidad (social) existe, ¿o más bien se construye? Y la verdad, ¿existe o se construye también?

La realidad social es la que resulta de un proceso inter-activo. En toda realidad hay inter-acción en la cual tienen que ver personas, seres humanos. La realidad no es estática sino dinámica, la realidad está en proceso, sólo podemos captar momentos y re-construir su recorrido en el tiempo.  “La realidad social fáctica, objetiva, es cuantifacable, mientras que el significado social, cualificable. La totalidad de la realidad social no se agota con la cuantifación.”  (Rodríguez y Bonilla, 1995 en:  Cifuentes Gil, 2011)

Definitivamente la subjetividad es parte de la realidad que vivimos, así que también debe ser parte de la objetividad que caracteriza la objetividad. La objetividad más objetiva es la que integra la subjetividad.
Y en esto está la intencionalidad científica. La intencionalidad científica implica pretender captar la realidad desde su totalidad (holisticidad – ver 3.), con un enfoque sistémico (ver 2.).  Cifuentes Gil (2011) desgloza lo que nombramos aquí ‘intencionalidad científica’ en varias intencionalidades identificadas con la investigación cualitativa, las cuales retoma de  Rodríguez y Bonilla (1995):

“. La comprensión situada, pertinente y significativa de la práctica social de las y de los sujetos y colectivos, más que el descubrimiento de leyes de comportamiento universal. Se estudian los contextos para lograr descripciones detalladas y completas de la situación, con el fin de comprender la realidad subjetiva que subyace a la acción de los miembros de la sociedad.

. Hacer una aproximación global de las situaciones sociales para explorarlas, describirlas y comprenderlas de manera inductiva, a partir de los conocimientos que tienen las diferentes personas involucradas… Este conocimiento sólo es accesible al investigador cuando comprende el marco de referencia particular del grupo.

. Captar la realidad social a través de los ojos de la gente que se halla bajo estudio, la percepción que tienen de su propio contexto.

. Profundizar en casos específicos, no generalizar; describir textualmente y analizar el fenómeno social como es percibido. Los procesos de indagación que se construyen en la interacción social son valiosos en la medida en que posibilitan producir conocimiento pertinente, significativo, relevante, particular. Su utilidad para tomar decisiones y fundamentar la construcción de políticas sociales se restringe a los campos específicos de indagación.”

Desde que introducimos el concepto de ‘intencionalidad científica’, también asumimos la ciencia como una apuesta razonada y razonable, pero NO ABSOLUTA. Tomás Villasante y Manuel Montañez plantean: “No hay una verdad definitiva, por lo que se puede construir infinitamente en forma participativa.” (Villasante Tomás, Montañez Manuel, Martí Joel y otros, 2002) Además, relevan el carácter personal de la construcción del conocimiento y de la acción.

¿En qué consiste entonces la intencionalidad científica?

Consiste en la intención EXPRESA a explicitar y ‘objetivizar’ el contexto propio de todo proceso de construcción de aprendizaje, ya sea con enfoque investigativo o no. Muy concretamente implica la necesidad de hacernos SIEMPRE dos preguntas, antes de responder la pregunta ‘esencial’ en el proceso de aprendizaje, superando la contradicción, también ‘esencial’, identificada y motivadora (motora) del mismo.

Una primera pregunta a responder tendrá que ver con la identificación de las teorías ya existentes que sustentan nuestras prácticas, es la reflexión sobre la relación entre teoría y práctica, en cuanto al ámbito en el cual y sobre el cual pretendemos trabajar.

Una segunda pregunta tendrá que ver con la metodología del proceso de construcción colectiva de nuevos aprendizajes: la transparencia metodológica (ver el siguiente inciso). Todo proceso investigativo, con intencionalidad científica, implica la construcción de un modelo metodológico (creativo, contextualizado, pertinente, oportuno, eficaz y efeciente).

He aquí dos preguntas, cuyo proceso de construcción de las respuestas debe traducirse en tareas específicas (u ‘objetivos específicos’, si así preferimos llamarlo) de todo proceso investigativo, con intencionalidad científica.

Estas tareas constituyen el inicio de todo proceso investigativo:
. Identificación de las teorías que sustentan nuestro objeto de estudio (la práctica ejercida hasta la fecha);
. Construcción de un modelo metodológico contextualizado, pertinente, oportuno, eficaz y eficiente.

Ambas tareas se irán cumpliendo en la medida que avancemos en el proceso de construcción de la ‘objetividad subjetiva’.

La promoción de la ‘intencionalidad científica’ en nuestro trabajo con estudiantes pasa por el cumplimiento de 10 estrategias  (retomadas de: Castillo Sánchez, 1999):

“. Desarrollar autoconfianza en el ser humano, hacia el pleno desarrollo de sus potencialidades.
. Desmitificar la investigación científica.
. Estimular la curiosidad: actitud natural de la persona como investigador(a).
. Propiciar el goce de la lectura, para crear un deseo constante por el conocimiento.
. Avivar la pasión y el entusiasmo.
. Fomentar la realización de los sueños.
. Generar conciencia de que en la ciencia no existen verdades definitivas.
. Generar alto grado de compromiso con el estudio.
. Motivar la elección de una carrera para investigar en ella, con el fin de transformar y generar conocimientos.”

Si la elaboración y la defensa de una monografía, de una tesina, de una tesis… constituyen un componente más del proceso de aprendizaje, del proceso de formación profesional, entonces me pregunto:

¿En qué medida y a cuáles de estas estrategias contribuyen mis aportes, como tutor(a), como miembra(o) del jurado, como asesor(a),…?

Si no aportamos constructivamente a al menos algunas de estas estrategias entonces debemos cuestionar nuestro actuar, ¿no creen?

Tradicionalmente se ha reservado la investigación sobre la subjetividad a la psicología, como un fenómeno meramente interno a la persona. Se establece una relación entre ‘subjetividad’ y ‘persona’, sin embargo, no es tan así, ya que la subjetividad no sólo es una construcción interna, sino también es una construcción social. El ‘objeto’ silla, no sólo adquiere un significado a través de la ‘significación’ personal, sino también, y más bien en primer lugar, como una construcción SOCIAL. González Rey  (2000), en su obra sobre Investigación Cualitativa en Psicología plantea: “Hemos definido dos momentos esenciales en la constitución de la subjetividad: individual y social, los cuales se presuponen de forma recíproca a lo largo del desarrollo. La subjetividad individual es determinada socialmente, pero no por un determinismo lineal externo, desde lo social, hacia lo subjetivo, sino en un proceso de constitución que integra de forma simultánea las subjetividades social e individual. El individuo es un elemento constituyente de la subjetividad social y, simultáneamente, se constituye en ella.”

La intencionalidad científica implica garantizar la objetividad, no la objetividad absoluta, ya que no existe, sino la objetividad subjetiva, es decir: la objetividad que integra la subjetividad como parte esencial de la realidad, y como consecuencia lógica, entonces también de las verdades a construir.  En este proceso, para garantizar lo anterior es esencial lo que explicamos a continuación: ‘la metodología sistemática’.

  1. La metodología sistemática
El criterio por excelencia para valorar el nivel de cientificidad es su ‘enfoque metodológico’, su metodología aplicada, y muy particularmente la ‘sistematicidad’ en el proceso de construcción de aprendizajes.

Por lo mismo la visualización metodológica, o sea: hacer visible la lógica del proceso metodológico seguido, y su justificación, es fundamental y se convierte en la necesidad del cumplimiento ‘cabal’ con el principio de la ‘transparencia metodológica’.

La metodología, el proceso metodológico, inicia con el primer paso: la ‘ideación’: ¿cómo se nos ocurrió la idea iniciar este proceso y ningún otro? Implica la identificación del problema, de la ‘contradicción esencial’ a cuya superación pretendemos contribuir.

Pasa por el proceso de delimitación, identificando objeto, formulando objetivos y explicitando ejes de trabajo, así como planteándose las preguntas ‘esenciales’ estrechamente relacionadas con el sistema de objetivos (tareas), garantizando la intencionalidad científica en la búsqueda constructiva de las respuestas a cada una.

Esto implica hacerse preguntas necesarias como:

. ¿Cuáles son las teorías científicas que sustentan el trabajo en el contexto donde estamos trabajando?
. ¿Cuál es el modelo metodológico idóneo para desarrollar este proceso de aprendizaje?

Y por supuesto, otras preguntas, relacionadas directamente con el objeto de aprendizaje.
La proyección metodológica del proceso se reflejará en un proyecto (de investigación, de aprendizaje, de…), el cual constituye una estrategia que abarca todo el proceso ‘imaginado’ y sustentado.

También parte esencial del enfoque metodológico y su justificación es la contextualización del proceso de aprendizaje. Contextualizar implica caracterizar el contexto. Cifuentes Gil (2011) expresa:

“El proceso de contextualización se construye a partir del posicionamiento en una institución, ámbito social o comunitario y práctica específica, que se describe y analiza para:
. Dar cuenta de qué dice el espacio físico sobre los acontecimientos, las prácticas y cómo es su puesta en escena.
. Establecer particulares formas de ser, de relacionarse.
. Caracterizar escenarios que permiten comprender el objeto de conocimiento.
. Argumentar sobre el carácter de las y los actoras/es, tiempos, lugares, acontecimiento que inciden en la realidad a indagar.
. Describir la organización, estructura, textura y contextura del entorno en que se desarrolla la indagación.”

La contextualización es indispensable para poder comprender lo actuado en el proceso de aprendizaje. De allí la necesidad que, quienes presenciamos el compartir de una experiencia, debemos ESCUCHAR activamente para lograr comprender lo actuado. Es necesario diferenciar tipos de contexto: global, local, institucional, temporal, poblacional, curricular, etc. Cada tipo tendrá su ubicación pertinente en el proceso de aprendizaje. Así habrá tipos que son importantes para comprender el ‘anuncio’ de la sustentación teórica y otros tipos, como p.ej. la ‘institucional’, importantes para comprender y justificar el enfoque metodológico.

Al describir los antecedentes de un nuevo proceso de aprendizaje, no sólo se tiene que tomar en cuenta qué se ha aprendido hasta la fecha respecto al tema en estudio, sino también cómo se ha hecho, lo que permitirá fundamentar con mayor precisión el enfoque metodológico del propio proceso de aprendizaje.

Otro componente que contribuye sustancialmente al carácter ‘sistemático’ de la metodología tiene que ver con la problematización del objeto de estudio, es decir la caracterización histórica y actual del problema del cual parte el proceso de investigación (relación con la ‘contradicción esencial’ identificada).

Dependiendo de todo lo anterior, toda/o aprendiz definirá su ‘metodología’ como referente metodológico para un proceso de aprendizaje particular. En esta definición es esencial un alto nivel de coherencia entre los diferentes componentes del proceso: si el objetivo principal plantea ‘describir’, entonces las técnicas e instrumentos a aplicar (tanto para la recolección como para el procesamiento de datos) deben apuntar a dicha descripción.

Se definirán estrategias (modalidades) de aprendizaje (estudio de caso, historia de vida, etnografía, investigación – acción, IAP, sistematización,…), así como también los métodos y técnicas interactivos para la recolección de datos: observación, entrevista, talleres, revisión documental, análisis de contenido, técnica vivencial, técnica con-vivencial, grupo focal, etc. Es indispensable precisar las circunstancias de la observación, de la entrevista, del grupo focal,… de todo lo aplicado en el camino.

La construcción de nuevos aprendizajes implica indagar en forma dialéctica y permanente sobre los procesos en estudio, definiendo fases y momentos clave del proceso de aprendizaje. Uno de los momentos muy importantes será el momento de la validación de los hallazgos. El proceso de validación constituye parte fundamental de la sistematicidad del proceso de aprendizaje.

Una herramienta muy importante para la visualización de este proceso puede ser la visión horizontal de un proceso de aprendizaje (de investigación).

La visión horizontal es un instrumento que permite visualizar la lógica, la sistematicidad del proceso a ejecutar o en construcción, y puede tener la siguiente estructura:
Preguntas científicas
Tareas /
Objetivos Específicos
Métodos / Técnicas
Fuentes
Estructura de informe
Observación




































Este instrumento (Visión horizontal), prácticamente coincide con lo que  Cifuentes Gil (2011) presenta como “Estructura de organización metodológica de la investigación”, con la diferencia que la Visión Horizontal integra las preguntas científicas, base esencial y punto de partida para todo proceso de aprendizaje con intencionalidad científica.

Al nombrar este inciso ‘metodología sistemática’, pretendo enfocar la importancia, la necesidad de la ‘sistematicidad’ del proceso de aprendizaje, la cual implica lógica expresa, la cual debe hacerse visible y comprensible a través del cumplimiento de la ‘transparencia metodológica’ como principio fundamental de todo proceso de aprendizaje.

La necesidad de la visibilidad de esta sistematicidad implica describir, explicar y justificar en detalle los pasos desarrollados, cada uno con sus características y variantes particulares. De la sistematicidad depende en gran medida el nivel de cientificidad que hemos podido alcanzar.

Dentro del ámbito de esta descripción detallada del proceso, igual para contribuir al cumplimiento con la intencionalidad científica es indispensable el enfoque holístico, el cual abordaremos brevemente en el siguiente punto.

  1. La visión holística
Aunque me referí en el punto anterior a un ‘enfoque’ holístico, más bien debemos hablar de una ‘visión’ holística, ya que se trata de algo mucho más profundo que un enfoque. Esta visión se relaciona mucho con lo planteado en los puntos anteriores, ya que la visión holística, justamente se basa en una orientación sistémica. Esta orientación implica comprender el caso (el objeto en estudio) como un sistema (de-)limitado, a abordar en su totalidad contextualizada para procurar su comprensión desde su esencia propia, más que por comparación con otros sistemas.

Hurtado de Barrera (2002), en su obra ‘El proyecto de investigación holística’ describe la comprensión holística como un proceso continuo, integrador, organizado, sistemático y evolutivo, en el cual se rescata la creatividad del aprendiz, lo anima y lo motiva a arriesgarse a reconocer sus propias inferencias sobre la realidad, a imaginar sobre lo visto y lo no visto, a proponer soluciones, a inventar y a recoger los resultados de su labor, para nuevamente comenzar en el ciclo incesante del proceso de aprendizaje.

La visión holística implica no sólo valorar la totalidad del objeto en estudio, y comprender las inter-relaciones e inter-acciones observadas, sino también integrar mi posición y la posición de otras personas directa e indirectamente involucradas en el proceso.

  1. Finalizando sin querer concluir…
Con estas ideas alrededor la ‘objetividad subjetiva’ pretendo contribuir al debate sobre el papel que jugamos como facilitadoras/es de procesos de aprendizaje y les invito a integrar de los paradigmas ‘tradicionales’ del aprendizaje (conductismo, cognitivismo, constructivismo, humanismo, teoría socio-crítica / constructivismo social,…), retomando de cada uno de ellos aquellos aspectos que son válidos el día de hoy en nuestros contextos temporal y geográfico, tal que podamos seguir construyendo el nuevo Paradigma Integrador del Aprendizaje y de su Facilitación (PIAF), el cual se concretiza en una metodología caracterizada por Procesos de Construcción Colectiva de Oportunidades de Aprendizajes, integrantes de una Actitud Emprendedora de calidad creciente (P-COA_acem_c).

Dentro de este nuevo enfoque, la ‘objetividad subjetiva’, comprendida como una objetividad pretendida a partir de la integración necesaria de la subjetividad en el aprendizaje (y por consiguiente en la investigación, siendo la investigación el método por excelencia para aprender).

Para finalizar un extracto del libro ‘Nuevas Alternativas de Aprendizaje y Enseñanza. Aprendizaje Cooperativo.’ de  Ferreiro Gravié (2007): “El método científico no se reduce al procedimiento hipotético deductivo. Hay situaciones en que no tiene sentido, o bien no es posible o consecuente ‘montar’ un experimento como lo exige el razonamiento hipotético-deductivo. Los fenómenos y procesos sociales tienen sus peculiaridades y especificidades que condicionan la manera en que deben ser investigados. Es imposible conocer la realidad social a uno u otro nivel. No se puede conocer al ser humano, su forma de ser, pensar, actuar, sentir y relacionarse, reduciendo el método científico a procedimientos empíricos hipotéticos deductivos… Se requieren variadas formas de estudiar la realidad, su totalidad, complejidad e integridad. Es bueno admitir variantes de aplicación del método científico y aplicarlas con rigurosidad y flexibilidad.”

Y para ampliar el contenido del debate aún más, comparto 3 aspectos relacionados con lo expuesto en este artículo, sin mayores comentarios:

1. Los 5 pilares, y su inter-relación, que nos permiten valorar nuestra calidad en ser facilitadoras/es de procesos de aprendizaje, incluyendo desde los mal llamados ‘tribunales’ o ‘jurados’ de los, igual mal llamados ‘defensas’ de trabajos investigativos:

  1. El arte de escuchar (apertura): Escuchar de verdad los planteamientos de las y los participantes, procurar a comprender su intención, no descartar automáticamente lo desconocido para mí, abrirse a la diversidad, a lo diferentes, a lo creativo, encontrar sentido a lo diferente,…
  2. La habilidad de interpretar (lectura): Tomar en cuenta el contexto particular en que se desarrolla o desarrolló un proceso de aprendizaje, no condenar imprecisiones, sino motivar para más y mejor en otros futuros trabajos, mostrar una actitud comprensiva desde la conciencia de nuestras limitaciones y orientar positiva y constructivamente, construir, nunca destruir,…
  3. La disposición a compartir (ternura): Aprender a ser parte, no ponerse a distancia, ponerse en los zapatos de participantes, compartir experiencias positivamente, ver lo positivo y aprender de ello, resaltar lo positivo, orientar en positivo, motivar, disponer al intercambio constructivo.
  4. La decisión del compromiso (postura): Tu palabra es compromiso, lo que orientas también lo acompañarás si te lo solicitan, tu ayuda es una oferta, tu posición implica no sólo palabra sino también acompañamiento constructivo.
  5. La visión de integración (contextura): Sola/o no podemos, conciencia de la colectividad, conciencia de la necesidad de la co-operación genuina, del trabajo conjunto, de la sociedad, de la identidad colectiva.
Estos 5 pilares se sostienen entre sí, gracias a un enlace fuerte basado en la CONFIANZA y en la AUTOCRÍTICA: “nadie sabe nada, todas/os sabemos algo” (Paulo Freire).

2. Se trata de una invitación a construir colectivamente un sistema educativo basado en actitudes cooperativas en vez de en competencias. ¿Qué implica esto para el trabajo como facilitadoras/es de procesos de aprendizaje; de tutoras/es de trabajos de curso, de monografías, de tesis; de participantes de un tribunal o de un jurado en las mal llamadas ‘defensas’,…?

3. A la hora de un ALTO durante el proceso de aprendizaje permanente, tal como lo es una ‘defensa’ (intercambio, exposición) de un trabajo, de un informe, debemos hacernos al menos estas tres preguntas:
  1. ¿Qué es lo novedoso? ¿Qué es lo sorprendente?
  2. ¿Cuál es el aporte a la teoría científica?
  3. ¿Cuál es el aporte a la práctica?
Si se logra responder, a conciencia, cada una de estas preguntas, entonces también habrá aporte en el proceso de construcción de nuevos aprendizajes, caracterizados por una objetividad subjetiva e integrantes de una actitud emprendedora de calidad creciente.

El debate está abierto… ¡Participemos en él!
Herman Van de Velde, julio 2011.



BIBLIOGRAFÍA

Castillo Sánchez, M. (1999). Manual para la formación de investigadores. Santafé de Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.
Cifuentes Gil, R. (2011). Diseño de proyectos de investigación cualitativa. Argentina: Noveduc Libros.
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