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viernes, 6 de mayo de 2011

Educación (no) (in) Formal

Ponerle fin a la falsa división entre educación formal, no formal e informal


Domingo, 7 de enero del 2007.
Herman Van de Velde
Estelí

En estos días pude participar en una reunión de trabajo de generación de ideas dentro del marco de la elaboración de un programa de cooperación, entre Europa y América Central.   Fue una participación, también de mucho interés personal, ya que una de las temáticas señaladas es ‘formación alternativa’.

Sin embargo, me llamó la atención que esta temática, este concepto de ‘formación alternativa’ se define como ‘todo tipo de formación que sea una alternativa al sistema oficial (formal) de educación, sea éste en su expresión pública o privada’.  Es decir, clasifica la formación en diferentes tipos, tomando como criterio un supuesto nivel menor o mayor de sistematicidad en su planificación, seguimiento y monitoreo, evaluación.

El problema radica en que los conceptos de educación ‘formal’, ‘no formal’ e ‘informal’ son términos cargados de interpretaciones.  Usamos la calificación ‘no-formal’, muchas veces para descalificar. Peor todavía en el caso de ‘informal’. 

Más que ‘dividir’ las opciones educativas, sería oportuno seguir enfatizando la importancia del enfoque sistémico de la educación como fenómeno, ya no sólo local o nacional, sino ‘global’.  Desde este enfoque sistémico es posible identificar diferentes espacios (territoriales o virtuales) con expresiones educativas particulares, reconociendo la importancia y el valor innegable, propio, positivo y necesario de las interrelaciones entre los diferentes espacios.  La ‘escuela’ (otro concepto de diferentes significados), tal como se concibe tradicionalmente, sólo es un espacio y no está desligado de otros espacios como: la familia, las relaciones de amistad, el barrio, la cultura social, los ‘cyber’, las relaciones inter-generacionales, así como entre mujeres y hombres, los medios de comunicación, etc.

El espacio ‘escolar’ de la educación necesita el día de hoy de nuestra atención muy especial, incluyendo la cooperación internacional, justamente para que se articule más y mejor como un componente integrador de la comunidad (contexto sectorial y/o territorial).  Estoy convencido que para poder lograrlo es indispensable trabajar en la ‘formación alternativa’, tal vez en primer lugar de docentes de todos los niveles.  Una formación ‘alternativa’ para convertirlas/os (docentes) en facilitadoras/es de procesos de construcción CONJUNTA de oportunidades de aprendizaje (¡también en la escuela!); aprendizajes integrantes de una actitud emprendedora de calidad, tanto entre docentes como entre estudiantes, desde las y los más pequeñas/os hasta las y los adultas/os.

Quiero volver al concepto ‘alternativo’ tal como se emplea en el contexto mencionado anteriormente (‘alternativo’ al sistema ‘oficial’ del país).   Alternativo como término implica una relación (es ‘relativo’), o sea, indica una alternativa frente a....  En el caso indicado, se trata de la concepción de una ‘alternativa’ sólo frente al sistema oficial de la educación (con su organización escolar y currículo ya establecidos), violando con esto el enfoque sistémico del fenómeno educativo.

Según nuestro sentir, el término ‘alternativo’, dentro de una perspectiva progresista, debe interpretarse tal como se entiende el concepto ‘otro’ al referirse a ‘otro mundo es posible’, un mundo, por supuesto ‘mejor’, con mayor ejercicio compartido de equidad, con mayor justicia social.

Lo anterior implica que el concepto de ‘formación alternativa’ o de ‘educación alternativa’ debe interpretarse como una ‘mejor’ formación, una ‘mejor’ educación, una educación de calidad, una formación enfocada al aprendizaje (y ya no a la ‘enseñanza’[1]) entre todas las personas involucradas (involucrarse implica una participación activa, propositiva y positiva) en el proceso.  Me refiero a un actuar ‘diferente’, diferencia marcada por una participación real, por responsabilidades ‘compartidas’, por el ejercicio de ‘poderes compartidos’.  De hecho así, los espacios de ‘formación alternativa’, sea dentro o fuera de la escuela, se convierten en procesos donde la comunidad educativa, en su conjunto, se convierte en protagonista de su educación, de su formación.

Con los nuevos vientos en Nicaragua, a partir de este 10 de enero, compartimos este reto, esta responsabilidad de ir construyendo una ‘educación realmente alternativa’, una educación donde todas/os las/os actoras/es somos protagonistas.  Bienvenido el reto.  Asumimos nuestra corresponsabilidad.  ¡Adelante!


[1] La tarea principal de la maestra, del maestro, de la y el docente ya no es ‘enseñar’, sino facilitar un proceso donde todas y todos juntas y juntos construyen nuevas oportunidades para aprender, incluyendo la o el facilitador(a), una responsabilidad, además, COMPARTIDA.

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